Desaparecer o vivir
esta vida.
Todo
comenzó un 16 de abril de 1939, cuando en Polonia todo cambió por completo.
Yo
soy Oriel y voy a contar una historia de cuando tenía 9 años, y vivía con mi
madre Ada y mi padre Ashir, aunque él casi nunca
estaba en casa, siempre decía que se tenía que ir a trabajar, yo le preguntaba dónde,
pero él nunca contestaba, saludaba a mi madre y a mí con un beso en la frente,
y le decía a Ada susurrando al oído que me cuidara y él se marchaba. A veces
volvía por las noches, pero había otras que
por 3 o 4 días no aparecía.
Todo
se tornaba raro e incómodo en casa. Antes me podía despertar feliz, porque sabía
que papá y mamá siempre me esperaban sentados en la mesa con el desayuno que
tanto me gustaba. A medida que fue pasando el tiempo y que de un día para el
otro Ashir empezó a irse supuestamente a trabajar, cada vez que me levantaba
con una esperanza de verlos sentados esperándome con el desayuno, lo único que
veía era a mamá sentada en un costado de su cama, viendo una foto de papá y
cayéndosele las lágrimas poco a poco.
Ada
me contaba que unas personas malas, como ella decía, habían venido a nuestra
ciudad y se llevaban muchas personas, eran los Nazis.
Una
noche volvió papá y lo primero que hice junto a mamá es
ir corriendo a abrazarlo, él nos alejó y se fue a hablar con Ada a
solas. De repente vi a Ashir salir e irse rápidamente, vi a mamá y como todas
las noches estaba llorando, ella se acercó y me dijo que nos teníamos que ir,
me puso una muda de ropa en la mochila y salimos de casa. Me pareció raro
porque no nos fuimos en auto como siempre, sino que lo hicimos en tren.
Allí
toda la gente parecía muy asustada, lo único que hice fue apoyar la cabeza
sobre las piernas de mi madre y cerrar los ojos, ya no quería saber nada más de
lo que estaba pasando.
Al
abrir los ojos lo primero que vi fue a 3 señores vestidos de verde, llevándose
a una familia a los tirones y atrás de todos ellos distinguí a mi papá,
tapándole la cara con una bolsa de tela a un hombre y sacándolo del tren, lo único
que salió de mi boca en ese momento fue: “Papá ¿este es tu trabajo por el cual
te ibas todos los días? Vos también sos un hombre de los malos?”, él lo único
que hizo fue mirarnos y marcharse con todos esos hombres.
Abracé
a mamá mientras se me caían las lágrimas y me quedé dormido. Volví a despertar
en una cama, yo no sabía dónde estaba, ni con quién estaba. Me levanté, bajé
unas escaleras y vi a mamá y a su hermana hablando en voz baja, cuando ellas me
vieron se callaron y me vinieron a abrazar.
Lo único que sabía era
que estábamos muy lejos de casa y de papá, tenía la impresión que por mucho
tiempo íbamos a volver.
Hoy
tengo 28 años y sigo viviendo con mi madre y mi tía, pero nunca más supe algo
de mi padre.
Ahora
entiendo tanta aberración, comprendo la locura en la que estaba metido mi padre
porque mi madre antes de morir se empeñó en limpiar su memoria: “Tu padre no
era un Nazi, él se hizo pasar por uno de ellos, para ponerte a salvo a vos y a
mí”. Después de decirme eso, comenzó a leer una carta que le había escrito
después de encontrarnos trágica tarde en el tren:
Querida Ada:
Quería
decirte que me descubrieron, que no esperes que vuelva a casa.
Mientras
te escribo veo a la distancia las llamas que emanan de cuatro chimeneas, que
son los crematorios. No te quiero asustar, pero necesito contarte como es todo
por acá y que algún día se lo puedas contar a nuestro querido hijo y que sepa
que yo no era un hombre malo.
Son
días enteros de calvario, contemplar a niños, mujeres y hombres soportando
terribles condiciones de trabajos forzados, malnutrición y tifus es algo que no
se puede soportar más. Te
amo Ada y lo único que te pido es que cuides mucho a nuestro bello hijo Oriel.
Mamá terminó de leer, me miró y me abrazó muy
fuerte. Me duele mucho contar todo lo que pasó, pensar que papá simplemente lo
hizo para cuidarnos y hoy ya no está con nosotras.
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