Cuidarnos no cuesta nada

Con el ritmo rápido de la vida actual, es fácil que se nos olvide cuidarnos correctamente -o al menos, que nos resulte complicado encontrar el momento de hacerlo-. Llenamos nuestras agendas con tareas que hacer y nuestra mente de sueños, expectativas y proyectos… Y en el camino vamos reduciendo el tiempo para escucharnos, mimarnos, querernos y cuidarnos a nosotros mismos.
Hasta que cuerpo y/o mente dicen “aquí estoy yo, hazme caso ya”, y nos obliga a parar.
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El problema es que muchas veces recurrimos a la “solución” rápida y fácil de medicarnos con lo que corresponda, sin cambiar hábitos de nuestra vida y sin ni siquiera reflexionar al respecto. Y esto, más que una solución real es una apaño para salir del paso. Lo ideal sería dedicar tiempo a cuidarnos de verdad. Pararnos realmente a pensar de dónde viene lo que nos pasa y qué podemos hacer para minimizarlo, yendo a las causas, a los orígenes y buscando soluciones saludables.

Sí, es difícil. Sí, es incómodo. Sí, es lento. Y sí, requiere sacrificio. Pero en realidad es la manera ideal de tratarnos. Es la forma correcta de cuidarnos.
Y para darnos cuenta de lo que nos pasa y ver con claridad las causas y consecuencias, es necesario disponer de un tiempo de calidad para dedicarnos. De espacio para escucharnos y reflexionar sobre lo que podemos hacer. Y por supuesto, mucho compromiso y esfuerzo para poner en  práctica los cambios necesarios.

Nadie dijo que fuera fácil…

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