Sofocante mañana

s, además de destruir decenas de casas. Murieron siete vecinos, más de 300 habitantes resultaron heridos, miles de personas huían de la ciudad, y el golpe emocional se extendería en el tiempo.

 Sofocante mañana

Hasta ese momento no me había percatado del daño emocional y psicológico de lo que había causado en los vecinos de Río Tercero. Después de ese momento siguió contándome de lo sucedido.
Me encontraba sola en casa, desesperada por intentar comunicarme con mi marido, Omar, ya que él se encontraba en el campo trabajando. No pude hacerlo.
Llamé a mi hija, Daniela, para preguntarle dónde estaba, ella sin saber qué hacer por el miedo, agarró el auto subió a todos sus hijos y salieron a buscarme, yo salí de casa para el reencuentro. Luego de que nos juntamos nos fuimos lo más rápido posible al campo, donde estaba mi marido y mi cuñado.
Intentábamos que mis sobrinos no vieran hacia afuera del auto, para que no se asustaran más de lo que estaban, ellos lloraban desesperados y con mucho miedo de que algo nos pasara. Daniela intentaba conducir, pero se hacía imposible, por todas las personas corriendo por todos lados, intentando subirse a cualquier auto, con tal de poder escapar de ese infierno, hierros cayendo del cielo, lastimando a personas, destruyendo casas, negocios y un montón de cosas más, todo lo que se logró con mucho esfuerzo, veíamos como se caía a pedazos.
Logramos salir a la ruta, pero todo seguía siendo un caos, todos manejando como locos para poder huir. Escuchábamos las noticias de lo sucedido y no lo podíamos creer, llorábamos de la bronca, pero con eso no lográbamos nada.
Yo me daba cuenta la forma en que contaba lo sucedido y cada vez me sentía más triste y horrorizada, se podría decir por lo sucedido, y ella seguía sin parar y con su voz quebrada contándome.
Llegamos al campo donde se encontraba parte de nuestra familia y ellos nos dijeron que escucharon una explosión y vieron un hongo de humo, pero no podían saber qué era, ya que estaban sin señal y no podían llamar y tampoco tenían la radio.
Daniela entró a sus hijos dentro de la casa, mientras yo me quedaba a contarle lo que pasó, pero por el miedo que tenía no me salían las palabras, Omar, al enterarse de lo que sucedió, quería volverse inmediatamente a Río Tercero a buscar a su otro hijo, Diego, que en ese momento se encontraba trabajando. Pero no lo dejamos ir, porque era imposible comunicarse con él y no sabíamos si se encontraba en el negocio todavía.
Intentamos tranquilizarnos y buscar alguna forma de comunicarnos para ver qué estaba pasando. Prendimos la radio del auto y escuchamos que Menem fue a hablar frente a todos para decir que eso solo fueron una falla en la fábrica.
- ¿SOLO? Le parece que fue poco lo que ocasionó, después de todo lo que se destruyó y todas las personas muertas y dañadas, todavía sigo sin creerlo.
-No lo puedo creer (fue lo único que me salió, entre las lágrimas que se me caían)
 Pero resulta que todo lo que dijo era una simple farsa, todo era mentira y lo que quería era ocultar la venta de armas a Croacia y Ecuador.
-Todavía no entiendo cómo le dio la cara para poder pararse frente a miles de personas y mentirles de esa forma, hacer que vuelen miles de cosas por el aire y matar, dañar y dejarles un daño psicológico a miles de personas. Además de destruir nuestros hogares y todavía seguimos acá esperando una respuesta.
-…… (Yo no supe qué decir, sus palabras eran muy fuertes)
- ¿Te sigo contando lo que pasó, después de eso?
-Sí, por favor.
Luego de un rato, llegó mi hijo, Diego, con su esposa e hijos, nos dijo que se le había hecho imposible salir de Río Tercero con todo el lío que había, pero luego de un rato pudieron hacerlo, su negocio quedó destruido completamente y en la casa se le rompieron las puertas, pero no sufrió muchos daños, porque estaba alejada de la fábrica.
Nos quedamos a dormir en el campo, con mucho miedo, casi no puede dormir y creo que los demás tampoco.
Al otro día con Omar y Diego, nos fuimos al pueblo para ver cómo estaba la casa, al llegar nos dimos una gran sorpresa, la casa estaba destruida, se caía a pedazos, ¿y esto? ¿Quién nos iba a devolver todo lo que perdimos?
Intentamos recuperar todo lo que se podía, pero muy pocas cosas estaban sanas, se me caían las lágrimas de ver todo lo que habíamos logrado con mucho esfuerzo, estaba todo hecho un desastre. Veía a mi alrededor la gente desesperada, triste, todas las casas destruida, las calles llenas de pedazos de hierros y un montón de cosas más.
Teníamos mucho miedo de estar ahí y que otra explosión fuera a ocurrir.
Subimos al auto las cosas que seguían sirviendo, eran muy pocas, y nos fuimos de vuelta al campo. Ahí estuvimos por unas semanas, con mucho miedo de volver. Nuestros hijos cada tanto iban al pueblo a acomodar sus casas y negocios que tenían, les costó mucho poder volver a remontar todo de vuelta.
Nosotros nos fuimos construyendo una casa bien alejada de la fábrica, que es donde estamos viviendo actualmente.
Seguimos participando de las marchas que se realizan, para pedir justicia, porque no puede ser que esto quede así, sin resolverse, no es justo.
Después de tantos años el estado por fin indemnizará a todos los afectados por las explosiones. Pero nunca van a poder cubrir todo el daño psicológico y moral que nos hicieron, lo que pasó va a quedar en nuestra memoria por siempre, con el dinero no se puede tapar todo lo que sucedió.


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